
Sepultados vivos. Setenta días llevan los mineros chilenos encerrados en la mina San José. El mundo entero sigue las labores de rescate en este éste día en que lentamente, de uno en uno, a bordo de una pequeña cápsula, van saliendo a la luz los sufridos mineros, ante los aplausos y la expectación de familiares, amigos, conocidos, periodistas, paisanos y alguno que otro presidente que co
n sus gorritos de seguridad, como si de un minero mas se tratase, se han apresurado a recibir y reconfortar a esos hombres luchadores y trabajadores en este, esperemos, final feliz. Deseo que todo salga según lo previsto y que dentro de unas horas, los 33 mineros se encuentren en libertad, sanos y salvos.
No han faltado las anécdotas. Los mineros que ese día fatal, no se encontraban en la mina y que, tras la alegría de no ser ellos los encerrados, acuden todos los días a ver que pasa con su trabajo, la mujer de un minero que puso a su hija, nacida durante los días en que su marido estaba en cautiverio, por nombre Esperanza, el minero que tenía dos mujeres y se encontraron juntas, sin saberlo, para inscribirse como esposas del mismo minero desaparecido. Y a la hora de salir, las luchas entre ellos por el orden en que estos lo harían, paradójicamente, no peleaban por salir los primeros, sino que querían ceder su puesto a los otros. Creo que por fin, el orden lo estableció el personal del rescate, siguiendo unas pautas y pensando en todo momento, en el interés de todos en general.
En estos momentos, han salido ya 16, y todo hace pensar, que los demás saldrán igualmente sin novedad. Esperemos que así sea.
Al ver este despliegue de medios, de tecnología punta, una que no entiende de casi nada,
piensa que si se hubiese empleado una pequeñísima parte del dineral utilizado para el rescate, en seguridad, esta tragedia se podía haber evitado. Lamentablemente, muchos trabajadores desarrollan su trabajo en condiciones pésimas y nade hace nada por arreglarlo. Que la sociedad rescate también a estos otros, antes de que venga el del gorrito, a darnos el abrazo y la palmadita en la espalda.
n sus gorritos de seguridad, como si de un minero mas se tratase, se han apresurado a recibir y reconfortar a esos hombres luchadores y trabajadores en este, esperemos, final feliz. Deseo que todo salga según lo previsto y que dentro de unas horas, los 33 mineros se encuentren en libertad, sanos y salvos.No han faltado las anécdotas. Los mineros que ese día fatal, no se encontraban en la mina y que, tras la alegría de no ser ellos los encerrados, acuden todos los días a ver que pasa con su trabajo, la mujer de un minero que puso a su hija, nacida durante los días en que su marido estaba en cautiverio, por nombre Esperanza, el minero que tenía dos mujeres y se encontraron juntas, sin saberlo, para inscribirse como esposas del mismo minero desaparecido. Y a la hora de salir, las luchas entre ellos por el orden en que estos lo harían, paradójicamente, no peleaban por salir los primeros, sino que querían ceder su puesto a los otros. Creo que por fin, el orden lo estableció el personal del rescate, siguiendo unas pautas y pensando en todo momento, en el interés de todos en general.
En estos momentos, han salido ya 16, y todo hace pensar, que los demás saldrán igualmente sin novedad. Esperemos que así sea.
Al ver este despliegue de medios, de tecnología punta, una que no entiende de casi nada,
piensa que si se hubiese empleado una pequeñísima parte del dineral utilizado para el rescate, en seguridad, esta tragedia se podía haber evitado. Lamentablemente, muchos trabajadores desarrollan su trabajo en condiciones pésimas y nade hace nada por arreglarlo. Que la sociedad rescate también a estos otros, antes de que venga el del gorrito, a darnos el abrazo y la palmadita en la espalda.
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